EL ALTAR EN LA TRADICIÓN DE LA DIOSA
El Arte de elaborar un altar está presente en prácticamente todas las tradiciones espirituales. Se entiende como un lugar en donde se concentra nuestra energía espiritual y se establece el vínculo y conexión con las fuerzas astrales.
En la Brujería Tradicional, el altar es bastante personal. Sin
embargo, existen algunos elementos que son transversales entre las corrientes de
Brujería, fundados en la tealogía y cosmovisión predominante.
1.
Representación
de los Cuatro Elementos de la Naturaleza
La Magia Elemental es una de las más antiguas, y en función de la época y lugar del mundo, su entendimiento puede variar significativamente. No obstante, en la tradición mágica occidental, de la cual emerge la Brujería, se conocen cinco elementos principales y primordiales; el agua, el fuego, el aire, la tierra y el elemento psíquico: éter o espíritu. En el altar de una bruja, es fundamental tener algún objeto que represente estos elementos, o mejor aún, que contenga las propiedades asociadas. Por ejemplo: una copa con agua de lago, para representar y atraer al elemento agua, un caldero con sal para representar y atraer a las fuerzas de la tierra, una vela roja encendida para representar y atraer al fuego, o una pluma para representar y atraer la energía del aire. Tal como mencioné, si estos objetos no se limitan solamente a ser una simple representación y son contenedores de las fuerzas elementales, las energías concentradas en el altar son más poderosas. Pero la representación, en un sentido parasimpático y psicológico, sigue siendo un instrumento de poder.
2.
Representación
Simbólica de la Diosa*
La creencia en una Diosa Madre, de origen ancestral y presente en todas las tradiciones de Brujería Moderna, es un aspecto esencial en nuestra práctica espiritual. Llamada y venerada bajo infinidad de nombres alrededor del mundo y distintas épocas de la historia – Diana en Roma, Hécate en Grecia, Isis en el antiguo Egipto, Morrigan en la Europa celta, Innana para los sumerios, Freya para los nórdicos, La Dama Holda en las culturas germanas- constituye una fuerza espiritual sin precedentes. Cada civilización y cultura arcaica poseía una Diosa Madre, que daba a luz a los panteones y estaba vinculada a los ciclos de la Naturaleza y la hechicería. Esta es la herencia pagana más notoria en la Brujería Medieval que evolucionó finalmente a una forma de Brujería Moderna, la que ha preservado este culto matrifocal, donde la figura de una deidad “masculina” ha tomado diversos matices, pero siempre subyugado y/o manifestado a partir de una Diosa Inmanente. En el Paganismo Moderno, siguiendo la idea de **que todas las diosas y dioses son aspectos o manifestaciones de una Gran Madre Divina, cada bruja o brujo puede elegir – o ser elegido por – una Diosa o Deidad en particular, siendo este atributo la dimensión más compleja, profunda y personal en la brujería y que puede abarcar gran parte de La Vida Mágica de un practicante; la búsqueda de la Diosa Guía o Tutelar. Es por esta razón, que los altares de un Brujo incluyen objetos tales como un cuadro, una estatua, un instrumento – el caldero por ejemplo – un sigilo, la osamenta de una cabra o cualquier símbolo que el practicante asocie a la diosa, entidad o espíritu invocado. La presencia de un Dios Cornudo - Cernunnos, Pan, Arlequín o el ***Diablo Folclórico - en la cosmovisión de los brujos y brujas puede variar de practicante a practicante, sin embargo, la Diosa Madre es una creencia común, siendo este un elemento distintivo de nuestra tradición en comparación a otras espiritualidades que están influenciadas por el patriarcado o que emergen de civilizaciones imperialistas.
3.
Ofrendas
Según la Deidad invocada y el
practicante, es común encontrar ofrendas en el altar de una bruja. Estas pueden
ser frutas, flores, galletas, incienso, leche o licor. Es una manera de mostrar
respeto a los Antiguos Dioses y las Entidades que nos acompañan y asisten. Por
regla general, las ofrendas son entregadas después de una petición, en nuestra
devoción habitual, para marcar ciclos energéticos (estacionales, lunares,
solares, astrales), honrar y venerar a la Diosa o Dios Guía. En consecuencia, para establecer una
comunicación con las fuerzas de la Naturaleza.
Es importante recalcar aquí, que las
ofrendas no representan una relación espiritual de sometimiento o del poder sobre, algo muy característico
en las religiones patriarcales, donde el devoto entrega una ofrenda para agradar y buscar aprobación de la deidad.
La relación entre un Brujo y sus Dioses es una construcción muchísimo más
compleja y profunda que una representación tan sencilla y banal. Las ofrendas son
una manera de respetar el vínculo que se ha gestado entre las Fuerzas de la
Naturaleza y la bruja que ha despertado.
4.
Símbolos
Personales
Este aspecto es el más interesante de mencionar, pues expresa la dimensión creativa del Brujo. Cada practicante, dispone y recrea los espacios más adecuados desde su vivencia personal. Esta vivencia, está plagada de colores, aromas, símbolos, experiencias y percepciones físicas que otorgan a la Brujería una sensación de trascendencia. Por lo tanto, el Brujo plasmará esta experiencia en el mundo de las formas, traerá al plano físico sus aprendizajes y visiones, haciendo del Altar la representación simbólica de sus prácticas. El Altar se transforma así, en el fetiche creativo del practicante, que irá reflejando en la disposición de sus materiales, su experiencia vital. Y es aquí donde radica su importancia; no hay un Altar igual a otro, y no se le permite a cualquier individuo descubrir su velo; eso implica un grado de desnudes que la bruja solo reserva a los Dioses…y a sus amantes.
5.
La
Eterna Llama
La vela encendida en el centro del Altar es como la
chimenea en una casa en pleno invierno; invita al recogimiento, a dar calor al espíritu,
a mantener nuestras fuerzas vitales siempre en constante movimiento. No solo es
una forma de ofrenda permanente, también es un símbolo que representa ese
eterno vínculo entre la mística del Brujo y el Plano Espiritual.
En la Antigüedad, se acostumbraba vigilar el fuego
encendido a las deidades; conocidos son los cultos a la Diosa Vesta y la
Diosa Brigid, en cuyos santuarios permanecían sacerdotisas custodiando el
fuego, de manera que no se apagara. El caldero, símbolo común en las Brujería
Moderna, no solo era un objeto para cocinar y preparar alimentos, sino una
representación del alma del hogar. Un fuego siempre encendido, era considerado
sagrado.
Desde esta visión, en un Altar de Bruja, mientras ella o él
esté en el hogar, habrá siempre una vela encendida. Por qué la Brujería no es un momento aislado en la
vivencia de un Brujo es su vida misma.
En síntesis...
El Altar es un espacio común entre las brujas y brujos, y dependiendo de la Tradición y la vivencia personal, este altar irá plasmando la identidad mágica del practicante, transformándose en un lugar de poder y vinculo con el plano espiritual.
Conceptos a destacar:
* En Tradiciones de Brujería de linaje gardneriano, en el altar se representa tanto al Dios como la Diosa. Sin embargo, la Diosa está presente SIEMPRE en los altares del iniciado, independiente de la tradición, pues la Diosa es la figura central de nuestra cosmovisión.
** (Todas las Diosas y Dioses...): Esta idea puede cambiar en relación a la predominancia de
la Diosa en el culto. Siguiendo la filosofía de Dion Fortune, figura destacada en
la magia y el paganismo moderno, “todos los
dioses provienen de un Dios y todas las Diosas provienen de una Diosa”, frase
que ha adquirido una relevancia teológica en las tradiciones de linaje
garderiano, pero que no representa la evidencia histórica.
*** El Diablo Folclórico: Desde una perspectiva folclórica, la figura del diablo ha
sido objeto de un estudio antropológico significativo; el pueblo no era letrado
y los Dioses Cornudos de los paganos, que aún prevalecían en la vida campesina
y aparentemente no civilizada, fueron relacionados por los cristianos con el
Demonio. Incluso la diosa fue demonizada por los inquisidores “Diana es el demonio”
decía Tomás de Torquemada, conocido
inquisidor español. Es menester
mencionar que en la Teología Cristiana, previa a las Ideas de la Inquisición, no existía
una conceptualización respecto a las apariencia física del Demonio, esta fue una construcción política que buscó demonizar las deidades
paganas y asociar el pecado con el paganismo.
Libros
Recomendados:
“La Danza en
Espiral” de Starkhawk. “El Culto de la Brujería en Europa Occidental” de Margaret
Murray. “Brujería y contracultura gay” de Arthur Evans. “Magia Natural” de
Dorien Valiente. “The Witching Way of the Hollow Hill” de Robin Artisson. “The
Great Cosmic Mother” de Monica Sjoo. “Diosas y Dioses de la Vieja Europa” de
Marija Gimbutas.
Autor: Ivar Sunrise




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