EL CALDERO COMO SÍMBOLO INICIÁTICO EN LA BRUJERÍA Y LA TRADICIÓN DE LA DIOSA


Caldero Tradicional

La Tradición de la Diosa se asienta en diversos movimientos sociales, destacándose una cosmología centrada en la naturaleza y el feminismo. Se concibe como una tradición iniciática, aunque no en un sentido convencional en donde se requieran ceremonias estandarizadas que sigan una sucesión de pasos, una estructura definida y la rigidez característica de las tradiciones hegemónicas y de origen patriarcal. Muy por el contrario, es una tradición viviente, que sacraliza la corporalidad, las sensaciones, la práctica mística, el instinto primario de sobrevivencia y las fuerzas ocultas de la psique y la naturaleza, lo que permite la libre indagación. 

En este sentido, la confrontación con la Diosa, con sus misterios, resulta en un proceso de asimilación de lo femenino, lo culturalmente negado en todos nosotros y nosotras, invita a la exploración de aquellos patrones transgerenacionales que limitan e impiden vivenciar una espiritualidad que, en primera instancia, nos sitúa en un contexto histórico determinante y por otro lado, se convierta en una experiencia capaz de transformar nuestros paradigmas. Es por lo tanto iniciática para el practicante, pues transmuta sus ideas y concepciones, concientiza acerca de la importancia de rescatar y reclamar aquellos aspectos humanos que han sido demonizados y reprimidos, y en consecuencia, a impactar en su contexto sociocultural.  

Desde mi punto de vista, en las costumbres arraigadas en nuestra tradición, uno de los símbolos más significativos el cual conjuga los elementos tealógicos centrales, es el Caldero. Un símbolo que puede servir como conducto psíquico para el entendimiento de la espiritualidad en Diosa. Es un utensilio de larga historia, existiendo evidencia desde la Edad de Bronce. La palabra “caldero” proviene del latín “caldaria”, que significa “caldera” o “cocina”, por tal motivo, se relaciona al centro del hogar o lugar en donde se realiza el cocinado de los alimentos, siendo también un epicentro de la vida en comunidad. Por lo general, es un recipiente de metal que transita desde ser un objeto culinario, a usarse en la cocción de tizanas para tratar afecciones de salud, hasta finalmente, ser un símbolo alquímico, de renovación y alteración de la energía, conectándolo a la cosmología de los pueblos. Por esta razón, aparece en múltiples relatos populares y leyendas, siendo en muchos casos, el origen del cosmos y un ícono fundamental en el desarrollo de la trama épica. 

Caldero de Gundestrup

Un ejemplo de la relación entre religiosidad y el caldero, está presente en el Caldero de Gundestrup descubierto en Dinamarca y que data de la Edad de Hierro. Según los investigadores, las imágenes talladas en su superficie recrean escenas religiosas en un contexto ceremonial celta, siendo una de las imágenes más antiguas en las que aparece el Dios astado junto a la Gran Madre, ambas deidades telúricas, rodeadas de animales y seres elementales, haciendo referencia a su dominio espiritual sobre las fuerzas de la Naturaleza. También aparece la Diosa sumergiendo en un caldero a los guerreros fallecidos en batalla, explicitando la idea de resurrección e iniciación atribuida a este recipiente. Por lo tanto, el caldero de Gundestrup, condensa un conocimiento cosmológico y místico clave. Este suceso marca un punto sustancial en la historia del neo paganismo, pues a partir de este descubrimiento, la antropóloga Margaret Murray defendió su tesis de la existencia de un culto de brujería en la antigua Europa, así mismo y pese a sus detractores, ha sido la hipótesis fundacional de la Wicca y la Brujería Moderna. 

Por otro lado, la arqueóloga Marija Gimbutas, desarrolló una acabada investigación en “Diosas y Dioses de la Vieja Europa”, tesis que profundizaría posteriormente en “Diosas Vivientes”, sobre los cultos neolíticos a partir de excavaciones realizadas alrededor de la Europa Central, en donde se encontraron representaciones en piedra y barro de numerosas diosas y figuras femeninas, las que permitieron recrear la religiosidad de nuestros antepasados ya que evidenciaban un culto centrado en la Diosa Madre como fuente primordial de la existencia. Reminiscencias contemporáneas de esta concepción cosmológica la encontramos en la figura de Diana de Éfeso y su hija Aradia presente en la straghoneria italiana. Ambas figuras de gran alcance para la mística feminista y los reconstruccionismos modernos en Diosa.  En esta línea, es importante la reflexión en torno a la relación del Caldero y su particular forma abultada y redonda con las formas de las figuras antiguas de la Diosa de la Vieja Europa pues estas expresaban la voluptuosidad de la mujer y su relación con la fecundidad de la Naturaleza, la fertilidad de la Tierra y los procesos creativos del cosmos, atributos simbólicos otorgados al Caldero en la Brujería Tradicional y las tradiciones mágicas.

Venus de Willendorf


Un relato folclórico importante para la comprensión del rol del caldero en la espiritualidad pagana, se encuentra en la colección medieval llamada Mabinogion, en donde la Diosa Cerridwen ejerce de guía en la iniciación psicoespiritual. En el hermoso relato “El Libro de Taliesin”, el caldero es el contenedor del elixir de la sabiduría, y la Diosa es su guardiana. Se narra la transcendencia alquímica y la profunda metamorfosis protagonizada por el joven Gwion Bach, basada en los misterios de la vida, la muerte y la reencarnación. 

La tradición cuenta que ella le solicita al sirviente Gwion, cuidar del caldero y el brebaje que hervía en su interior, para así salir a recolectar hierbas bajo el claro del bosque. Mientras Gwion revuelve el caldero, le caen accidentalmente tres gotas del líquido en su dedo índice, por lo que instintivamente se lo lleva a la boca para mitigar el dolor, y milagrosamente obtiene los poderes del Awen. Cerridwen al volver y enterarse, embargada de cólera y furia, decide matarlo. Sin embargo, el joven, rebosante del poder espiritual cósmico, se trasforma en distintos animales, de igual modo, Cerridwen se va trasformando en sus respectivos depredadores hasta que finalmente, siendo él una semilla de trigo y ella una gallina negra, se lo come. Al retornar a su forma divina, Cerridwen queda embarazada, y al paso del tiempo da a luz a un “ser” llamado Taliesin. 

La Diosa de las serpientes, 
cultura minoica


Comprendemos a través de esta historia, como la Diosa Primordial, bajo el rostro de la intimidante Cerridwen, cataliza el quiebre psíquico del iniciado al facilitarle el acceso al Awen; el éxtasis, la inspiración, describiendo un progreso gradual de índole chamánico. Igualmente los elementos de la naturaleza están íntimamente conectados a la confrontación con los Misterios de la Diosa, pues Gwion Bach debe encarnar distintos animales y transitar por los cuatro elementos alquímicos, para finalmente, renacer en el mismo vientre de la Diosa, bajo el rostro del poeta Taliesin, figura aparentemente histórica en la lírica tradicional. 

Diosa Cerridwen,
cultura celto-galesa




Encontramos un paralelismo mitológico en la cultura escandinava, donde la Diosa se encarna en la figura de la Giganta Gunnlod quien custodiaba el caldero del hidromiel llamado Odherie. Odín, Dios Chamán, en su búsqueda de alcanzar el conocimiento primigenio recurrió a la Gigante para obtener tan solo tres gotas de este líquido y así alcanzar el conocimiento de todo. Al parecer estos relatos sirvieron para el desarrollo posterior de las Sagas Artúricas, en las cuales el Santo Grial sería la evolución natural del caldero como representación de los secretos de la inmortalidad y de la alquimia. 

Otras Diosas, como Medea y Circe, magnas hechiceras y sacerdotisas de la Gran Diosa Hécate en la mitología griega, utilizaban calderos que podían alterar los ciclos de la naturaleza y las leyes universales. Se representaban al igual que Cerridwen, como catalizadoras que despertaban las fuerzas internas de los héroes y heroínas, teniendo una función decisiva en los acontecimientos históricos y cosmológicos. 

Medea, por su parte, era una poderosa semidiosa, que usaba su caldero para preparar pócimas mágicas. Entre sus historias, se destaca aquella que nos cuenta sobre la venganza de Medea contra el rey Pelias, quien quiso engañar a su esposo Jasón y dañar a su familia. Medea logra persuadir a las hijas de Pelias haciéndolas creer que es posible rejuvenecer a su padre hirviéndolo en un caldero. Siguen ciegamente las instrucciones de Medea, quien había hechizado el caldero llenándolo de sangre y cocimientos, por lo que en lugar de rejuvenecer, Pelias muere fatalmente siendo descuartizado. Por otro lado Circe, la soberana Diosa de la Isla de Eea, conoce el arte de la sagrada pharmakeia, es decir el uso del reino vegetal para generar alteraciones en la vida material. Por lo que cultiva y destila hierbas y plantas, destacándose así por su virtud, la apotropaia, o la capacidad de ahuyentar todos los males, por lo que era la Gran Pharmakís. Un evento destacable en su mitología, fue el convertir en cerdos a la tropa de hombres de Odiseo que llegaron a invadir su isla, evento que la posicionó como una bruja de grandiosos poderes y soberanía. En todas estas historias se refuerza el arquetipo de la mujer decidida, independiente y combativa asociada a las artes mágicas, y ahonda en la imagen del caldero como símbolo que encarna tanto la sanación y la vida, como la destrucción y la muerte. Ellas poseen el conocimiento primigenio de la existencia y la humanidad toda, y sus héroes y heroínas, la enfrentan y renacen en su seno

Hécate, cultura griega

Estos misterios los encontramos encarnados igualmente en el clásico “Macbeth” de Shakespeare, en las hermanas fatídicas, brujas pertenecientes al linaje de Hécate, quienes utilizan un caldero, mezclando macabros ingredientes y conjurando a los espíritus. Shakespeare no solo las resalta como los personajes que otorgan el tono y el ritmo de la historia, sino que además las configura de una forma etérea y de profunda simbología metafísica al ser ellas y sus acciones, el canal entre este mundo ordinario y el mundo oculto de la Naturaleza. Vemos en consecuencia una vez más, en esta bellamente escrita obra, al caldero y su vinculación con la magia y la Diosa, personificada en este caso en la titánide Hécate, quién es considerada desde tiempos inmemoriales la Diosa de las Artes Mágicas. Esta representación ha tenido una gran influencia en la cultura popular y la percepción mediática de los calderos y su asociación con la brujería. 

La relación entre el Caldero y la bruja/maga es por lo tanto estrecha, son dos manifestaciones arquetípicas de la Diosa Primordial. Y esta relación la podemos ubicar justamente en la idea de comunión que el caldero genera entre los integrantes de una tribu o comunidad, proceso que era ejecutado por las mujeres, las madres, las médicas, las parteras. Su asociación a los misterios de la Mujer, es intrínseca, simbólica, y por sobre todo, sociocultural. En él las mujeres sabias y poderosas, imbuían el conocimiento del mundo que las rodeaba, concentraban su fuerza ancestral en sus rituales cotidianos, alquimizaban sus emociones y experiencias en actos aparentemente simples y mundanos, como el cocer alimentos, encender un fuego para hervir hierbas o susurrar a los espíritus a través del vapor nebuloso. Aquel evento, era una invitación a sentarse en torno al fuego, a compartir con su linaje, a beber leche caliente y contar aquellas historias que la tierra alberga bajo nuestros pies, era la invitación de la Diosa. 

En la magia tradicional y en las prácticas espirituales ancestrales, el Caldero es una herramienta mágica de gran relevancia, no tan solo en la ritualistica pues es un instrumento de manifestación, sino que además, para interpretar los misterios antiquísimos de la Diosa Madre, fuerza fecunda, sostén de vida y fuente de toda magia y energía espiritual. En tal sentido, El Caldero, es la representación simbólica y la manifestación operativa, ceremonial, espiritual y psicológica de la fuente primordial. Por un lado, su forma hace referencia a la circularidad y ciclicidad de la vida material y espiritual, relacionada con los ciclos de la naturaleza y las fases de la vida orgánica. Se asemeja al vientre, lugar que actúa de portal para traer la vida al plano material, lugar que gesta y guarda los misterios de la encarnación. Por otro lado, es un símbolo que evoca las profundidades de la tierra y del útero materno, vinculándose con las fuerzas telúricas y el reino del inframundo, la noche y la luna negra, teniendo en cuenta que en la oscuridad de la vida natural, se siembra el primer halo de luz, la semilla que trae consigo el espíritu encarnado. También el planeta tierra, en su esfera, es el lugar de descanso de las almas que han partido de plano, donde se conservan sus restos,  sus huesos, donde todo componente orgánico es convertido para servir de nutrición y alimento para así sostener los ciclos y la vida.  El Caldero posee tradicionalmente tres patas, que en la Tealogía y la Tradición de la Diosa hace referencia a las tres facetas primordiales de la deidad: doncella (kore, virgen) madre (vientre, portal) y anciana (sabia, bruja), relacionada también con las fases lunares primarias, luna creciente, llena y menguante, y en su totalidad simbólica, la luna negra, como estado inicial de germinación.

El Grial, Mito Artúrico


El Caldero en un contexto mágico y espiritual, es por lo tanto, un símbolo iniciático, que nos abre las puertas a otras realidades y experiencias y nos transporta a la realidad última, a la Diosa, al “final del deseo” según Doreen Valiente, para enfrentar así su rostro directamente, y como en los mitos tradicionales, nuestra alma sea mezclada, triturada y finalmente restaurada, tal fuera descrito en otros tiempos en el Solve et Coagula de los alquimistas medievales, o el viaje del héroe y heroína del mitólogo Joseph Campbell, o en el proceso de individuación del psicoanalista Carl Jung. Este símbolo es como el cielo estrellado y el cosmos circundante, como la serpiente que se come su cola y se regenera así misma o las galaxias en constante expansión. El caldero es infinito, nutricio: tal vientre ancestral de donde toda manifestación emerge, donde todo se regenera y en donde toda vida se encarna.

Gea, Diosa Madre, cultura griega

Autor: Ivar Sunrise



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